El ingrediente esencial para una relación de pareja sana y duradera.

¿Te has preguntado por qué, a pesar del amor, tantas relaciones terminan en desgaste, frustración o ruptura? No siempre es por falta de sentimientos, sino por la falta de algo más profundo: la Empatía.
Mi nombre es Antero Inman, soy psicoterapeuta y en este artículo te explico por qué la empatía es el pilar silencioso de las relaciones sanas, amorosas, disfrutables y duraderas. Cómo desarrollarla, puede transformar tu manera de amar, de comunicarte y de construir vínculos conscientes.
No basta con “ser empático”, uno primero debe convertirse en aquello que espera del otro. No puedes pedir lo que no estás dispuesto a dar, ese de hecho, es el primero de mis “Diez Mandamientos” para las relaciones de pareja.
Resulta interesante observar que, a nivel de creencias ontológicas, una de las pocas reglas que comparten prácticamente todas las religiones del mundo es alguna versión de la llamada Regla de Oro: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, “Trata a los demás como te gustaría ser tratado”, o “No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”. Todas estas frases apuntan, esencialmente, a lo mismo: Empatía.
Ahora, esto es una virtud a desarrollar porque, aunque nos gustaría creer que nos sale de forma natural, lo cierto es que no es innata en todos. Nuestra tendencia biológica al egoísmo hace que su desarrollo dependa, en gran medida, del proceso de socialización durante la infancia. Este proceso suele comenzar con los hermanos, aunque también puede darse con primos, amigos, vecinos o compañeros de clase. Es particularmente efectivo cuando ocurre con personas que percibimos como pares, en un plano de igualdad.
Por ejemplo:
“Danielito ¿te dolió que tu hermana te mordiera? no estuvo bien, pero ¿recuerdas que ayer tú la mordiste a ella? ahora sabes lo que sintió. Como ambos saben que se siente muy mal, mejor no se lo hagan más”.
Casos como ese abundan en la infancia. A través de estas experiencias vamos aprendiendo a “jugar bien con otros”, y esto es fundamental. Cuando un niño no desarrolla empatía, suele ser rechazado o excluido por sus compañeros, lo que puede generar una serie de problemas psicoemocionales de alto impacto.
Lo cierto es que la educación (sobre todo con el ejemplo), es fundamental para el desarrollo de la empatía y para entender que nuestra libertad termina donde empieza la del otro. Cuando, por diversas razones, una persona no socializa adecuadamente y no aprendió a empatizar, es común que termine desarrollando comportamientos abusivos, utilitarios y desleales convirtiéndose así en “persona non grata” para los demás. De hecho, los llamados “cuatro perfiles oscuros” de la personalidad (el psicópata, el maquiavélico, el sádico y el narcisista) comparten una característica central: graves dificultades para empatizar.
Además, cuando hay fallas en la capacidad de empatía, suele haber también un sentido desproporcionado de importancia personal, esto nos lleva a tomarnos todo de forma muy personal y a alimentar el orgullo, uno de los grandes saboteadores de las relaciones de pareja. Con todo lo anterior, no es difícil ver lo importante que es la empatía para el éxito en las relaciones de pareja y lo nefastas que pueden ser las consecuencias cuando no se tiene.
Ahora bien, quiero definir a qué me refiero con empatía, ya que muchas veces he escuchado a gente con definiciones reduccionistas del tipo: “Ponte en sus zapatos”, “¿Qué haría yo en esa situación?”, o “¿Cómo me sentiría yo si eso me pasara?”, pero la verdadera empatía va más allá, no se trata de imaginar qué harías tú si fueras el otro, sino de intentar comprender al otro desde su propia historia, sus recursos, sus limitaciones, sus heridas, sus miedos y sus mecanismos de defensa, es ponerte en el lugar del otro, como si fueras el otro, no como tú en su lugar.
Cuando logramos hacer esto, estamos en condiciones de realmente entender las necesidades emocionales de nuestra pareja, así como también entender el miedo y el dolor que hay detrás de algunos de sus comportamientos. Esto es esencial para no estar inconscientemente poniendo “el dedo en la llaga” con nuestra pareja y para poder llegar a acuerdos, lo cual es otro requisito de las parejas exitosas.
Lo anterior, como casi todo en la vida, requiere práctica, voluntad y sobre todo, la determinación de no dejar que nuestro ego tome el control, porque el ego es el enemigo número uno de la empatía.
Las relaciones de pareja pueden convertirse en herramientas extraordinarias para nuestro crecimiento personal. Son nuestras parejas quienes más fácilmente logran reflejarnos nuestras inseguridades, nuestras sombras y lo que más necesitamos trabajar en nosotros mismos, lo mismo ocurre muchas veces con la familia de origen, donde suelen activarse nuestros “botones emocionales” más profundos.
La empatía también es fundamental para poder comprender la historia de nuestros padres: ¿Cómo fue su infancia? ¿Qué tan amados, aprobados, apoyados, acompañados o vistos se sintieron? Entender eso nos permite comprender por qué fueron como fueron con nosotros. En mi experiencia terapéutica, he visto que la mayoría de los padres —incluso aquellos que cometieron errores— fueron algo mejores con sus hijos de lo que fueron sus propios padres con ellos, reconocer esto no es menor, nos ayuda a integrar, perdonar, dejar ir y sanar las heridas.
Quiero cerrar con una aclaración importante: Entender al otro, no significa justificarlo ni tolerar lo inaceptable, la empatía no implica resignación, ni permanecer en situaciones dañinas, pero este es un tema profundo y será motivo de una próxima entrada en el blog. Por ahora, mi intención es invitarte a reflexionar sobre la enorme importancia del desarrollo de la empatía en la construcción de relaciones de pareja sanas, estables y enriquecedoras.
Si este contenido resonó contigo y quieres profundizar en tu crecimiento personal o de pareja, te invito a agendar una primera sesión de psicoterapia.
